La Cabaña del Bosque

La Cabaña Del Bosque

Esta historia la comparto y te la doy a conocer porque después de lo que pasó esa noche, realmente no creo que pueda volver a dormir de nuevo. Al menos no, si no me desahogo y escribo lo que sucedió.

Mi nombre es Martha. A pesar de que no me gusta decir mi verdadera edad, en esta oportunidad te diré la verdad. Tengo 26, aunque aún me gusta creer que tengo 21, así que a todos les digo que tengo 21 años. La verdad es que la “adultez” ha sido muy dura para mí desde que mi mamá se fue de la casa.

No sé por qué pasó, nunca lo sabré. Te cuento… Mi mamá, mis abuelos y yo vivíamos en una cabaña en el bosque. Yo no recuerdo mucho de esa época porque era una bebé y mi mamá se fue cuando tenía unos 2 años. Fue ahí cuando mis abuelos me criaron durante unos meses hasta que mi papá reclamó la tutela y tuve que irme a vivir con él.

Vivir con él fue muy duro. No te preocupes, no fui violada ni nada por el estilo, pero preferiría mil veces no tener un papá a tener el que tuve. En fin, son cosas que no se pueden cambiar, y tienes que aceptar.

Cuando cumplí la mayoría de edad me independicé, y me fui de la casa tan pronto como cobré mi primer sueldo. No vivía en un departamento de ensueño… De hecho, tenía que compartirlo con 3 personas más. Así que te podrás imaginar cómo era el compartir baño con 3 chicas aparte de ti.

Al final, todos nos acostumbramos, a lo bueno y a lo malo, lamentablemente.

Terminé por graduarme, seguí trabajando y ahora, tengo un trabajo bastante cómodo que me permite viajar.

Cuando era mayor me enteré que mi mamá se fue de casa porque no podía con la responsabilidad de criar a una hija. No la culpo, ella salió embarazada de mi papá a los 15 años, y él tenía unos 20. En ese entonces, las cosas eran distintas…Pero, aún así nunca pude entender que vio mi mamá en mi papá.

Mi papá me confesó la historia antes de irme de casa y me dijo dónde vivían mis abuelos. Ellos eran relativamente jóvenes cuando mi mamá salió en estado por lo que estaban vivos.

Me pasó por la mente la idea de ir a visitarlos cuando tuviera el dinero suficiente, y cuando ese momento llegó así lo hice.

Fue muy difícil al principio. No por la parte económica. Si no, porque era una completa desconocida a sus ojos. Habían pasado unos 20 años, desde la última vez que los había visto, y no sabía cómo ellos iban a responder.

Probablemente, me cerrarán la puerta en la cara llamándome loca, dejándose llevar por los síntomas del Alzheimer o la vejez.  Probablemente sigan esperando a su pequeña niña con mucho entusiasmo para darle en su poco tiempo de vida el amor que nunca tuvo con su padre en 20 años. No lo sabía en ese momento, pero quería averiguarlo.

Así que me emprendí mi camino y luego de varias horas de viaje por fin había llegado a la casa de mis abuelos.

Fue raro, no te mentiré. Tocar la puerta me dio mucho miedo. Incluso más que mi primer beso, que mi primera vez, que mi primera entrevista de trabajo. Había pasado por mucho, pero estar parada al frente de una puerta que creía recordaba me asustaba más de lo que creía.

Fue la experiencia más aterradora de mi vida, y que me generó más ansiedad hasta el momento.

Duré aproximadamente dos minutos parada en la puerta antes de decidirme tocar el timbre.

En ese lapso de tiempo, había mucho silencio.

Probablemente por el hecho de que este era uno de los momentos más importantes de mi vida. O quizá, porque mi cerebro se había desconectado de todo lo demás, pero lo cierto es que, ellos vivían en una cabaña de madera, un poco vieja alejada del pueblo, quizá a unos 15 o 20 minutos a caminata por el bosque.

Pero, a pesar de encontrarnos en el bosque, no escuché pájaros, ardillas, insectos, cigarras y sonido alguno. Todo era muy silencioso, en ese momento no le tomé importancia, pero, si hubiese sabido lo que iba a suceder, sin duda alguna saldría corriendo de ahí.

Cuando llamé, salió una anciana de unos 60 a 70 años, con una muy buena imagen y estado de salud. Me sorprendió mucho que a esa edad, una mujer aún esté tan enérgica y saludable.

Preguntó quién era, y fue ahí cuando contesté.

“Es Martha. ¿Esta es la casa de los señores Thompson?”

“Sí, ¿por qué? ¿qué deseas niña?”

Oír la palabra “niña” me estremeció. Era la primera vez que oía esa palabra provenir de alguien con quien compartía un lazo sanguíneo. Lo primero que pensé es que estaba muy necesitada de amor y atención. Quizá ese era el motivo del fracaso de mis relaciones, pero, en fin, eso quedará para otro día.

“Mire, le diré la verdad y seré muy directa. Yo soy Martha Thompson, hija de Tamara Thompson. Me contó mi padre Jonathan, que ustedes eran mis abuelos maternos, y vine a visitarlos.”

Hubo un momento de silencio muy incómodo.

“Es que, necesito respuestas ¿sabe? Sé que mi mamá me abandonó y ustedes me criaron. Quizá se hayan olvidado de mí, pero realmente soy su nieta, mire”

Estiré mi mano hacia el bolsillo de mi pantalón, y le mostré mi teléfono celular con las fotografías de mi papá.

“Ah…. Sí. Ya veo. Pobre… En realidad, nunca pensé que este momento llegaría. Ven pasa, creo que tenemos mucho de qué hablar. Llamaré a Albert, está durmiendo en estos momentos”.

A pesar de que parecía a punto de desmayarse, y estaba más blanca que la leche, ella mantuvo la compostura y pude notar cómo ella se sentía un poco incómoda.

Me senté en el sillón, y después de unos 15 minutos, ella llegó junto con el que supuse era mi abuelo, una bandeja con unas tazas de café y galletas.

La “actualización” fue bastante confusa. La charla duró más de lo que podía percibir, y lo que creía eran unos minutos en realidad fueron horas.

Todos estábamos entregados al momento, y oscureció, pero luego fue que me caí en cuenta que no había hecho la pregunta más importante.

“¿Por qué mi mamá me abandonó? ¿fue culpa de ustedes? ¿no la querían?”

“No. Es complicado.” Dijo mi abuela (era raro llamarla así) “Cuando supimos que tu mamá te iba a tener nos alegramos. En realidad, el motivo de nuestra preocupación no eras tú, o su embarazo, mucho menos el futuro que podrías tener con nosotros. Era tu padre”

“No nos gustaba para nada. Era un hombre violento, manipulador, y maltratador”

“Ella cuando quedó embarazada huyó de él. Él estaba en la ciudad y ella vino a quedarse con nosotros”

“Pero conforme pasaba el tiempo, y se acercaba cada vez tu nacimiento ella se ponía peor”

Noté cómo ella había hecho énfasis en la última palabra.

“¿A qué se refiere?”

“No lo sabemos. Se comportaba extraño, y no le gustaba dormir en el cuarto de ella. Por si fuera poco, todo empeoró cuando tú naciste”

“Decía que escuchaba voces, que veía cosas, que te dejara, que te haría de él y muchas otras cosas que nunca entendimos”

“Los médicos le llamaron ‘depresión postparto’. Pero si en realidad tenía eso, créeme que llegó demasiado lejos”.

“Un día, cuando nos paramos, escuchamos un ruido proveniente de su cuarto. Fuimos a investigar, y al abrir la puerta, nos encontramos con que se había ido. Tú estabas llorando en tu cuna y estabas sola”

“Y eso es todo lo que sabemos de su partida. No sabemos motivo. No sabemos si volverá y no sabemos qué fue de ella. La policía no pudo ayudarnos, porque además de que no encontraron pistas o información sobre su paradero, ellos intuyeron que quizá huía de las responsabilidades”

“Su excusa fue que ‘había serios problemas que atender y la desaparición de una madre adolescente rebelde era responsabilidad de los padres’. No sabré nunca hasta qué punto tenga la razón el policía, pero, lo cierto es que su partida aún me duele”.

Ya eran cerca de las 10 de la noche, cuando todos empezamos a sentirnos cansados. Me había dado mucha paz el saber qué había pasado con mi mamá, mi papá y todo lo demás pero, originalmente no tenía intenciones de dormir en casa de mis ‘nuevos abuelos’

Pero en fin, llegó la noche, y no sabía el camino de regreso, y a esa hora, probablemente no sería capaz de seguir el sendero. Era mejor dormir ahí, que perderme en el bosque.

Mi abuela me ofreció dormir en la antigua habitación de mi mamá. Al principio fue extraño, me sentía observada, me sentía nerviosa y nostálgica.

Quizá, la extrañaba, a pesar de que no la recordaba. Pero, deseaba que en ese momento ella estuviera ahí, para que me diera una explicación de su partida.

No sé cuándo pasó, pero me quedé dormida realmente rápido. Estaba acostada en la cama, y me fijé en la hora de mi teléfono y eran cerca de las 2:00 AM.

Me levanté, fui al baño (tardé un poco en encontrarlo) y me dirigí a mi habitación nuevamente.

Apenas entré, pude detallar la habitación. Estaba intacta. Pude ver en una esquina mi antigua cuna, un escritorio con una fotografía de mi madre y mis abuelos. Una foto mía. La pintura de las paredes estaba decolorada, y además, pude apreciar un cuadro de un hombre que veía fijamente hacía la cama.

No sé a quién se le ocurrió la maravillosa idea de colocar ese cuadro ahí, pero era realmente aterrador. Aun así, le quité importancia al cuadro, y me volví a dormir.

Esta vez, me aseguré de darle la espalda al cuadro, ya que, definitivamente no iba a poder dormir viendo como ese hombre sobre lienzo me veía fijamente.

Cuando me levanté, me lavé la cara, los dientes, y fui a la cocina llamada por el olor del desayuno.

A decir verdad, era la primera vez que comía en familia y sobre una mesa. Así que fue bastante reconfortante hacerlo.

Mientras hablábamos, le pregunté a mi abuela:

“¿Por qué conservaron todas las cosas de mi mamá?”

“No lo sé querida. Creíamos que, si no nos deshacíamos de sus cosas, ella vendría algún día a buscarlas. No pudimos estar más equivocados”

Yo me reí, y luego dije:

“No me sorprende que ella no haya venido a buscar sus cosas, en especial con ese cuadro tan feo que tienen en la habitación. ¿Quién es el hombre del cuadro?”

Hubo un silencio, y de nuevo, todo el mundo se detuvo.

“¿Cuál cuadro?” Respondió mi abuela, visiblemente consternada.

“El que tienen en el cuarto de mi mamá, del hombre que está viendo fijamente hacia la cama”

Mis abuelos se vieron uno al otro confundidos y fue ahí cuando mi abuelo dijo:

“No tenemos ningún cuadro en esa habitación”

Asustada y confundida, dejé de desayunar y me fui corriendo a verificar lo que estaban diciendo. Creía que me estaban jodiendo con una especie de broma, pero cuando llegué, pude ver que había unos árboles y vegetación en el lugar donde antes estaba el hombre. Ahí no había ningún cuadro, eso era una ventana.

El miedo recorrió inmediatamente mi cuerpo, y fue ahí donde me di cuenta de lo que había pasado realmente.

Mi mamá no estaba huyendo de su embarazado. Estaba huyendo de él.

Y mientras escribía esto, no podía dejar de sentirme observada.

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