Empecé a trabajar en el turno nocturno de una tienda…. Los clientes son extraños

Trabajo en la tienda de noche

Esta es una traducción original de la historia de terror «I work the graveyard shift at a convenience store that caters to a… special clientele.» publicada en el subforo de Reddit r/nosleep por el usuario llamado «Hugh_Jidiot».

Para trabajar en el turno nocturno hace falta cierto tipo de personas.

La mayoría de la gente no puede concebir la idea de levantarse cuando el sol se pone y acostarse cuando vuelve a salir. Llevo tres años trabajando en una tienda de víveres y en ese tiempo he tenido más de 20 compañeros de trabajo distintos que han probado el turno de la noche.

Normalmente duran unas pocas semanas antes de pedir que les cambien el turno al diurno o simplemente lo dejan.

Se dan cuenta de que no pueden soportar largas horas sin hacer nada más que el mantenimiento básico de la tienda en un momento en el que normalmente deberían estar profundamente dormidos.

A mí no me importa. Por un lado, siempre he sido una especie de búho nocturno, que prefiere la calma y soledad de la noche al sol deslumbrante y el frenético ajetreo del día.

Mientras que mis compañeros tienen que tratar con docenas, a veces incluso cientos de clientes a lo largo de un solo día, yo sólo suelo tener una o dos docenas de clientes en una noche normal.

Y déjame decirte que hay algunos personajes pintorescos que frecuentan las tiendas de víveres en medio de la noche.

Tienes a los borrachos que vuelven a casa desde el bar después de una última copa y que buscan comprar un paquete de seis y una caja de cigarrillos para continuar la fiesta en casa.

Tienes a los drogadictos que solo necesitan qué comer para saciar el hambre a las 3 de la mañana.

Tienes a los estudiantes ojerosos que van a la tienda a buscar una botella extra de Redbull o a comprar el café más fuerte porque en dos horas tienen un examen importante.

Luego, están también los trabajadores nocturnos, como yo, que se detienen a comprar algunas cosas necesarias después del trabajo.

Finalmente tienes a los clientes habituales.

Un tipo particular de cliente que sólo viene a la tienda por la noche y que sólo compra en nuestra tienda por ciertos… Productos que ofrecemos.

Uno de estos clientes habituales nos visitó anoche, como lo hace semanalmente. Viene todos los viernes por la noche, a las 2:22 a.m en punto.

Tenía la nariz metida en un libro cuando oí que el timbre de la puerta emitía un delicado tintineo. Miré el reloj digital que tenía junto a la caja registradora, vi el triple dos de color verde ácido y ni siquiera me molesté en apartar la vista del reloj.

«Buenas noches, Jenkins». Dije.

«Buenas noches, Hubert, muchacho». Fue la respuesta.

Sí, justo a tiempo.

Miré al Señor Jenkins, que medía 1.90 centímetros y tenía la piel como una lápida del siglo XVI. Llevaba su atuendo habitual para su viaje semanal a la tienda de víveres: un abrigo oscuro que apestaba a suciedad de cementerio, guantes negros sobre los dedos, gorra gris sobre la cabeza calva, lentes redondos con cristales oscuros como el carbón sobre una nariz aplastada.

Sonrió al inclinar su sombrero hacia mí, con la boca llena de dientes mellados del color de limones podridos.

“¿Qué hay en la lista de lecturas de esta semana?” Preguntó Jenkins con su voz grave. En respuesta levanté mi libro para mostrar la portada de Crimen y Castigo, y él asintió. “Ah, Dostoyevsky. Un clásico, ése”.

“Sí, compré este libro hace años, pero acabo de leerlo”. Dije mientras dejaba la novela. “No podía dejar que siguiera acumulando polvo en mi estantería”.

Jenkins se rió. “Bueno, ya sabes lo que decía el viejo Sam Clemens sobre los clásicos: son los libros que todo el mundo quiere haber leído pero que nadie quiere leer realmente”.

“Sí, suena bien. Aunque es una buena lectura hasta ahora”. Cogí un llavero de un gancho bajo el mostrador y me levanté del taburete. “¿Lo mismo de siempre?”.

“Si eres tan amable”.

Los dos nos dirigimos a la parte trasera de la tienda, con las luces fluorescentes zumbando constantemente por encima.

Pasamos por delante de las estanterías repletas de productos alimenticios, de aseo, farmacéuticos y otros artículos de primera necesidad, productos básicos para cuando se necesita salir a comprar dos o tres cosas, pero no se quiere ir hasta el supermercado o los grandes almacenes.

En la parte trasera de la tienda, abrí la puerta de la sección refrigerada y entré con Jenkins siguiéndome de cerca. Desde allí introduje otra llave en una segunda cerradura, esta vez situada entre los estantes que contenían la leche y la cerveza.

Cuando los bombines hicieron clic, una parte de la pared trasera se deslizó con un estruendo.

“Esto es lo que tenemos”. Dije, temblando ligeramente en el aire frío.

Jenkins lamió sus labios mientras que él contemplaba todas sus opciones. Algunas de las jarras que estaban en el estante del fondo contenían manos, pies y otras partes de cuerpos.

Otras simplemente estaban vacías, otras tenían etiquetas escritas a mano detallando los tipos de sangre que contenían. Una jarra extra grande tenía la cabeza de un hombre de mediana edad flotando en un líquido ambarino con ojos vidriosos mirando a la nada.

“No hay mucha variedad esta semana”. Dijo Jenkins con una pequeña mueca. “De hecho, estoy bastante seguro que hay lo mismo que la semana pasada”

“Ha sido una mala semana con respecto a los envíos”. Dije justificándome. “El jefe está esperando algunos víveres frescos que llegarán dentro de 2 a 3 días. Siento que no pueda hacer mucho por usted”.

“Tranquilo chico, yo sé cómo se pone el negocio a veces.” Él lamió sus labios una vez más. “…. Supongo que me llevaré…”

Jenkins fue interrumpido por el sonido de una puerta abriéndose de golpe. La puerta hizo que nos sobresaltáremos por el ruido. Nos giramos. A través de las puertas empañadas del refrigerador y más allá de los estantes alineados con los víveres fríos vimos a un hombre enmascarado y vestido todo de negro: Suéter, pantalones, guantes y un pasamontaña.

Rápidamente miró hacia todos lados, y luego corrió detrás del mostrador y empezó a forcejear con la caja registradora, golpeando su arma contra ella.

Yo suspiré mientras que Jenkins parpadeaba.

“Oh. Vaya, pero que buena suerte tuvimos hoy, ¿No?”. Dijo él girándose hacia mí. “¿Debería ocuparme de esto, Hubert? Ya sé que salir a atender a los clientes es tu trabajo, pero…”

“Sí, anda.” Dije mientras me abrazaba a mí mismo. “Hazlo rápido, se me están congelando las bolas aquí dentro. Y por favor, trata de no hacer tanto desastre, ¿Si?”

Jenkins respondió con la mirada de un depredador, dejándome ver sus largas garras y sus dientes afilados. “No te prometo nada, pero haré el intento”.

Habiendo dicho eso, salió hacia la tienda cerrando la puerta del freezer detrás de sí.

“¡Buenas tardes señor!” Escuché que había dicho Jenkins, su voz sonaba excitada. “Lo siento mucho, pero me temo que solamente los empleados tienen permiso para estar detrás del mostrador”.

El intento de ladrón se exaltó. Este estaba visiblemente nervioso gracias a la presencia de Jenkins y rápidamente levantó su arma mientras lo apuntaba temblorosamente.

“¡Quieto!” Gritó el ladrón, con una voz nerviosa y miedosa. “No te mue…”

Fue ahí cuando Jenkins se abalanzó hacia él. Rápido. Cortó la distancia desde un lado de la tienda, hacia otro lado en una fracción de segundo.

Tan rápido que el pobre desgraciado no tuvo chance de disparar su arma ni una vez antes de que Jenkins lo agarrara y lo asesinara.

Un único grito de terror se escuchó a través de la tienda, el cual terminó abruptamente con un gorgoteo.

Un chorro de sangre salió disparado hacia la pared y fue cuando suspiré de nuevo.

Esto tuvo que pasar justo cuando acababa de limpiar en la tarde.

Debería pedir un aumento, ¿Verdad?

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