Estoy Atrapado

Esta es una historia original de terror llamada «Estoy Atrapado.» Realizada por «Eduardo Vallejo».

Nadie sabe dónde o cuándo inició, pero finalmente pasó. Hace dos años la humanidad vio el inicio del reinado de los zombies. Un virus, una bacteria, un hongo, fuese lo que fuese, atacó tan rápido que acabó con un 80% de la población mundial en tan solo seis meses.

Fuimos pocos los afortunados que logramos formar pequeños grupos para poder hacer frente a esta terrible amenaza, y menos aún los que logramos mantener a nuestra familia a salvo.

Mi historia comienza hace dos meses, durante nuestro paso por una gran ciudad, mi familia y yo nos separamos de nuestro grupo. A partir de eso todo se fue a la mierda, fuimos acorralados por una horda de infectados, perdí a mi hija y a mi esposa de vista ya que intenté servir de carnada para intentar alejar a la horda de ellas.

A causa de esto, mi pequeña tuvo que presenciar la muerte de su madre; ver como era devorada y sus vísceras eran esparcidas por el suelo. Estoy seguro, de que la expresión de terror indescriptible que su rostro mostraba estará presente en sus pesadillas.

Después de dejar atrás el cuerpo, la vi saltar a un contenedor que se encontraba atrás de un edificio. Mi pobre niña. Después de eso se levantó lo más rápido que pudo y corrió, mientras lloraba la pérdida de su madre.

Yo por otro lado, me dirigí a la salida del edificio donde me encontraba. Sin embargo, mis esfuerzos fueron inútiles, ya que antes de ni siquiera alcanzar la puerta, ella ya se había marchado.

Después de ese día, y con cada fibra de mi ser deseé no volverme a encontrarme con mi hija nunca más. Solo esperaba que hubiese podido encontrarse con nuestro antiguo grupo, o que encontrara algunas buenas personas que pudieran cuidar de ella.

Ese mismo día yo me uní a un nuevo grupo, de unos 20 miembros y empecé a pasar mucho tiempo con una chica que aunque algo rota, la ropa que usaba denotaba que antes del apocalipsis trabajaba como reportera.

Con ella pasé las primeras dos semanas durante las cuales seguimos en esa ciudad. Los días generalmente los pasábamos rondando los edificios en busca de comida. Al inicio de la tercer semana finalmente salimos de la ciudad por el este, dirigiéndonos  hacia una zona llena de granjas que se encontraba a un par de kilómetros.

Tardamos un par de días en llegar a la primera granja, y una vez ahí pudimos darnos cuenta que el lugar estaba completamente desbastado y no había ni un alma en las cercanías.

Cuando nos disponíamos a seguir nuestro camino, vimos que algo entró al granero a toda velocidad, y poco a poco nos acercamos a él. La mayoría del grupo rodeó el lugar mientras el resto nos dirigimos a la entrada en donde solo pudimos hallar un ciervo que al parecer se encontraba perdido y desorientado.

Ya que no parecía que fuésemos a encontrar más alimento, el grupo decidió convertirlo en la cena del día. Después de comer seguimos con nuestro camino.

Después de recorrer toda la zona de granjas, nos dirigimos a una autopista en los límites del estado, donde había cientos de autos, algunos de ellos estaban volcados, otros tantos estaban estrellados fuera del camino. Era una vista muy deprimente.

Al recorrer el sitio durante un rato, comenzaron a unirse unos cuantos más al grupo. Para el atardecer ya éramos casi 50. Casi estaba completamente oscuro cuando comenzó a sonar la alarma de un auto que se encontraba a la orilla de la carretera.

Y al lado de él, se podían distinguir dos figuras que trataban de ocultarse. Esto llamó la atención del grupo, así que todos nos dirigimos hacia ese auto. Cuando estuvimos a unos cuantos metros del auto, pude notar que las sombras eran de un par de chicos que probablemente se encontraban en busca de suministros y que habían encendido la alarma del auto por intentar forzar la puerta.

En cuanto fueron conscientes del gran número de miembros del grupo salieron corriendo a toda velocidad hacia las profundidades del denso bosque. El grupo siguió tras ellos y terminó entrando también al bosque.

Sin embargo, en pocos minutos perdimos de vista a los muchachos. Así que solo seguimos adentrándonos en el bosque. Estuvimos cerca de 15 días recorriendo aquel lugar, durante los cuales, más miembros fueron uniéndose al grupo y terminamos siendo más de 200.

Aunque, el hambre comenzaba a hacerse cada vez más y más fuerte, pero no parecía que fuésemos a encontrar alimentos pronto. Hasta que, al anochecer del tercer día, encontramos una vieja mina abandonada en la falda de la montaña.

El grupo poco a poco se adentró en la mina en busca de algo que comer. Unos cuantos habían entrado cuando un temblor comenzó. Esto ocasionó que la mina comenzara a derrumbarse y enterrara a los que estaban dentro. Perdimos a 30, gracias a ese incidente. Mi amiga reportera y yo logramos salir ilesos de aquel incidente.

A la mañana siguiente logramos subir la mitad de la montaña y encontramos a un oso solitario bajando por ahí. No me gusta herir animales y aunque luche con todas mis fuerzas, el hambre es muy poderosa, así que el grupo se alimentó de él. Hizo falta más de la mitad del grupo para someterlo y perdimos a algunos en el proceso.

Pero eso ayudó a saciar el hambre, al menos por el momento. Pero, finalmente llegamos a la cima, aunque esto solo ocasionó que perdiéramos a más a causa del frío.

Sinceramente, esperaba ser de los que no sobrevivieran a esa parte del camino, así por fin podría descansar de esta maldita pesadilla. Sin embargo, ese no fue el caso. Mi único consuelo es que una vez más mi amiga reportera había sobrevivido.

A diferencia de lo complicado que había sido la subida, la bajada resultó ser bastante más sencilla. Tomándonos solo dos días hacerlo. Nuevamente, en la falda de la montaña, noté que solo quedábamos 70 en el grupo. Esto me hizo pensar que si volviéramos a encontrar a un animal grande para poder alimentarnos, sería muy complicado, por no ser decir imposible poder someterlo.

Esto me trajo cierta tranquilidad. Una vez más en la espesura del bosque, comenzamos a avanzar un poco más rápido. Sin embargo, no fue sino hasta un mes después de bajar de la montaña cuando encontramos un bunker subterráneo donde ocurrió un tiroteo con las personas que lo habían tomado como base.

En este incidente finalmente perdí a mi amiga reportera. En cuanto la vi caer al suelo pensé; “Que maldita suerte tiene”. Después de esto, hicimos que la mitad de ellos se unieran a nosotros, y con eso, nuestro grupo volvió a crecer. Esta vez a la ridícula cantidad de 500 miembros. En ese momento me di cuenta de que pocos grupos podían hacer frente al pequeño ejército que habíamos formado.

Dentro del bunker pudimos notar que era una vieja instalación militar con varios laboratorios y otros tipos de habitaciones. Tardamos una semana en recorrerlo todo y detrás de una pesada puerta de hierro que habían dejado abierta se encontraban unas escaleras.

Al bajarlas encontramos una serie de laberintos subterráneos que nos tomó meses recorrer. Durante el primer mes, apenas logramos llegar a lo más profundo del laberinto. Claro, sin encontrar nada de alimento.

Los siguientes dos meses nos separamos en varios grupos pequeños, debido a la gran cantidad de desviaciones que tenía el lugar, nuestro búsqueda de alimento continúo sin arrojar resultados.

Finalmente, al último día del tercer mes todo el grupo se volvió a encontrar frente a otra gran puerta de hierro.

Después de todo el tiempo que pasamos bajo tierra, era casi palpable en el aire que todo el grupo se encontraba hambriento. Así que por la agitación que causó esto, comenzamos a presionar más y más la puerta que bloqueaba nuestro camino hasta que logramos hacer que cediera y al salir por ella nos encontramos de nuevo en el bosque, pero esta vez era de noche y a lo lejos se podía notar que había cada vez menos vegetación, habíamos llegado al otro lado del bosque, así que el grupo empezó a moverse afuera de nuestra prisión de ramas y hojas.

Durante estos últimos instantes dentro del bosque comencé a pensar en todas las cosas por las que habíamos pasado, y rogué al cielo que mi niña no hubiera pasado por nada similar, incluso deseé con todas mis fuerzas que se encontrara del otro lado del mundo disfrutando de su vida en algún lugar seguro lejos del peligro.

La desesperación del grupo por comida se volvió tan intensa que, algunos comenzaron a caer al suelo y arrastrarse con las últimas fuerzas que tenían.

Después de esto, mi instinto me hizo tratar de apresurar el paso y fue así como recordé que mi cuerpo me había dejado de obedecer hace mucho tiempo atrás, aún así, todo el grupo logró llegar al borde del bosque.

Al salir, encontramos una muralla fortificada que parecía rodear un pueblo entero y a través de la malla que marcaba la entrada se podían apreciar algunas luces provenientes de las casas y a lo lejos se escuchaba el tenue ruido de una agradable melodía.

Al acercarnos un poco más pudimos notar que, a ambos lados de la malla se erguían lo que parecían ser torres de vigilancia, sin embargo, a pesar de que todo el grupo ya se necontraba frente a la malla, no parecía haber ninguna persona haciendo guardia.

No sé si fue el sonido de la música o las luces, o quizá solo la desesperación del grupo por alimento, pero entre todos logramos derribar la malla y logramos entrar al pueblo. Una vez adentro, el grupo comenzó a dividirse, algunos se dirigieron al centro del pueblo, mientras otros, tratábamos de entrar en las primeras casas que encontramos.

Cuando la puerta que yo estaba intentando abrir finalmente cedió comenzó a sonar una especie de alarma por todo el pueblo, finalmente, los habitantes habían notado nuestra presencia. Unos momentos después y mientras subía las escaleras de la casa comencé a escuchar gritos y disparos por todos lados.

Entonces lo supe, mi grupo había encontrado a los habitantes del pueblo y habían comenzado a comérselos.

Después de tantos meses de buena suerte, lamentablemente, habíamos encontrado personas vivas, y mi grupo estaba saciando su voraz apetito. Entonces caí en cuenta de que yo también estaba a punto de hacerlo, como siempre, ignorando la resistencia que mi mente trataba de proyectar, mi cuerpo siguió subiendo la escalera, y entró a la primera habitación con la puerta abierta y ahí dentro encontré mi peor pesadilla.

Al principio me tomó un poco reconocerla, pero sin duda alguna, era mi pequeña mirándome completamente aterrada y gritando por ayuda. Traté, en serio traté, pero mi cuerpo solo quería alimentarse. Después de tantos meses implorando deseando no verla y no encontrarla nunca más, terminó pasando.

Así como con su madre devoré su carne. Darle el primer mordisco fue horrible. El grito de dolor que soltó jamás podré olvidarlo, pero la cosa solo fue empeorando. Mi consciencia trataba de hablar, de pedir perdón, de decirle que yo no quería hacer esto. Maldita sea, a pesar de que yo sentía como si estuviera llorando a borbotones mi cuerpo solo seguía comiendo pedazo tras pedazo, hasta que finalmente hubo silencio.

Así es como terminé atrapado dentro de mí mismo. Completamente loco…

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