Los inquilinos anteriores de mi departamento dejaron un manual de supervivencia. No quiero seguir viviendo aquí – Parte 2

Los antiguos inquilinos dejaron un manual de supervivencia parte 2

Esta es una traducción original de la historia de terror «The previous tenant of my new flat left a survival guide. I’m not sure I want to live here anymore.» publicada en el subforo de Reddit r/nosleep por el usuario llamado «newtotownJAM».

Mucho ha pasado desde las últimas 24 horas. Estoy tan estresada que he dormido muy poco desde que me enteré de que Jaime estaba desaparecido. Estoy empezando a sentirme bastante mal. Pero, sentí que era mejor que los pusiera al día a ustedes.

Me sentí abrumada por todo lo que estaba pasando y repasé todas las opciones que tenía a la mano. Definitivamente voy a conseguirme una planta llena de salvia para el balcón y además, derramé un poco de sales protectoras en la puerta. Esas sugerencias me las recomendó mi mamá, pero eso no ayudó para nada…

No hay nada a lo que esté más atenta que las reglas que encontré en la carta. Las he seguido al pie de la letra, y hasta ahora estoy viva todavía. No es necesario decir que todo esto ha sido muy duro, así que empezaré desde el principio.

Estuve a punto de volverme loco. Y unas pocas horas después que publiqué lo anterior, Jaime aún no había vuelto. Ya estaba desaparecido por más de 24 horas. Su jefe me llamó varias veces para saber de él. No sabía qué responderle así que simplemente ignoraba las llamadas.

Estaba en total estado de alerta y ansiosa cuando decidí que comprobar el ascensor tenía que ser mi primer paso. Pero, no iba a romper esa regla.

Esperé, esperé, y esperé hasta que se hicieron las 3:34 AM. Me da pena decirlo, pero cuando se hizo la hora, mis nervios eran tan altos que no pude pararme del sillón y ahí me quedé como por 30 minutos más debatiéndome si realmente lo que estaba a punto de hacer era correcto. Ya eran las 4:02 AM cuando tomé valor y salí al pasillo.

El elevador del edificio era viejo y descuidado. Se notaba que no le habían hecho mantenimiento durante mucho tiempo y parecía tener la misma edad del edificio. Sus grandes y toscos botones me miraban fijamente mientras yo los veía, esperando algún tipo de respuesta o pista. Tenía mi corazón acelerado y me invadía una sensación de temor, pero no había nada que hacer. Todo era inútil.

Entré al elevador, lo observé, caminé por él, bajé varios pisos, subí y seguí buscando con la linterna de mi teléfono buscando cualquier cosa que pudiera encontrar. No encontré nada. Jaime había desaparecido completamente.

Triste y agotada subí de nuevo hasta el séptimo piso e introduje la llave en mi departamento. Lo que era hace unas pocas horas el hogar perfecto, ya no significaba nada para mí en ese punto.

Me senté en la mesa del comedor barata que habíamos conseguido montar el día de la mudanza y lloré. Me temblaban las manos mientras sostenía mi teléfono.

Estuve perdida entre la lectura de las reglas nuevamente y contemplando la posibilidad de llamar a la policía durante más de 1 hora. Pero al final, decidí llamar a una amiga en su lugar. Necesitaba a una persona real aquí, y mi amiga Georgia era la indicada para eso.

Las cosas parecían tan irreales que dudo mucho que la policía pudiera hacer algo por mí, menos aún con la poca información que tenía sobre el paradero de Jaime. Pero sabía que tenía que desahogarme con alguien.

En pocas palabras, le conté todo cuando la llamé. Ella me prometió que estaría en mi casa en unas horas, después de que llevara a su hermano pequeño a la escuela.

Esperé ansiosa. Mientras esperaba, oculté armas en puntos estratégicos haciendo caso de las reglas que me habían dejado en la carta. Terminé justo a las 8:23AM, y tenía casi media hora antes de que el cartero llegara con las entregas de hoy.

No había forma de que se me escapara el día de hoy. Tenía que hablar con él. Salí de mi departamento, y me paré en la puerta como un guardia de seguridad vigilando la entrada a algún club nocturno. Perdí noción del tiempo, como si estuviera poseída.

El cansancio ya empezaba a hacer mella en mí, pero no podía dejar de pensar en Jaime. Todo lo que me mantenía en pie era Jaime.

Miré mi teléfono y ya eran las 8:52. Miré hacia las escaleras, y te prometo que estos dos minutos fueron los más largos de mi vida, pero cuando lo vi, un enorme sentimiento de alivio recorrió todo mi cuerpo.

Justo a tiempo, a las 8:54 el cartero Ian Flanders se paró justo delante de mí, con una sonrisa que apenas ocultaba su preocupación cubriendo su rostro más joven de lo que esperaba.

No parecía tan viejo como para haber sido cartero durante más de 35 años, pero estaba demasiado distraída en encontrar las respuestas que necesitaba de él como para preocuparme por su edad y apariencia.

“Tú debes ser la nueva inquilina”. Dijo él, pero en una forma que sonaba más a una pregunta. No sabía qué decirle, así que fui directa al grano.

“La señora Hemmings me dejó una carta, ella me dijo que hablara contigo si…”

“¿Puedo entrar? Creo que necesitamos hablar querida.”

Dejé que Ian entrara. Mis manos temblorosas le señalaron la dirección hacia el sofá, dándole a entender que se sentara. Le mostré la pequeña carta, ya arrugada que me habían dejado y esperé mientras leía.

“Qué bueno que Prue todavía piense así de mí. Extrañaré a esa chica.” Dijo él con una sonrisa mientras me acercaba la carta que acababa de leer.

“¿Me puedes ayudar sí o no?” No tenía tiempo para nada más. Solamente pensaba en Jaime.

“Puedo ayudarte, sí. Pero no puedo detenerme por mucho así que seré breve. He caminado por estos pasillos entregando cartas por más de 40 años. Lo he visto todo. Todo lo que Prue mencionó y mucho más. ¿Qué necesitas saber?” Dijo él.

Ian no era nada de lo que me imaginaba. La carta me hizo creer que él sería una especie de abuelito amigable, pero no podía estar más equivocada. El cartero Ian habló con ese acento marcado característico de la gente de la ciudad, y tenía una pesada cadena de oro en su cuello tatuado. Tenía el cabello grisáceo pintado de un negro brillante.

Su comportamiento no era amenazante, pero sí extraordinariamente arrogante. Era el tipo de hombre que me imaginada en una tienda de apuestas, frotando sus sucias manos en los billetes mientras se jactaba de una victoria.

Encendió un cigarrillo y empezó a fumarlo sin haberme pedido permiso antes. No lo cuestioné, normalmente fumábamos en el balcón, pero no iba a discutir sobre modales con él. Cogí un cenicero y se lo tendí, y aproveché para encender uno también.

“Empecemos por las cosas del elevador. Mi novio tomó el elevador cerca de las 3 de la mañana y está desaparecido desde hace 24 horas. No habíamos leído esta carta aún. No he sabido nada de él desde entonces. Necesito encontrarlo”. Le dije a él, en lo que parecía más un grito que cualquier otra cosa. No me di cuenta que en mi desesperación dije todo más alto de lo que quería. Aun así, nada me preparó para lo que él me dijo.

Su piel se volvió blanca, y su cara obtuvo una expresión de sorpresa mientras que, al mismo tiempo, pude apreciar como sentía lástima por mí.

“Está muerto querida. Olvídate de él ya. La única persona que ha vuelto del elevador a esa hora de la noche, fue la misma Prue. Después de presenciarlo. A esas criaturas destrozando a su víctima. La pobre Prue estaba traumatizada. Tu chico se ha ido, suéltalo y sigue las reglas”. Fue contundente, pero me di cuenta que le daba pena decirme eso.

“¡Debe haber algo que pueda hacer!”. Le dije a él rogando.

“Hay cosas que se pueden hacer para traer de vuelta a los que están perdidos, pero nunca he visto pruebas sólidas de que eso realmente funcione. Sería irresponsable de mi parte decirte que hagas algo que pueda hacer que te maten a ti también. Se vive bien aquí, en serio. Solamente supéralo y vive el statu quo. Perdona si parezco duro, no es mi intención, pero pareces una buena muchacha y no quiero verte morir tan joven.”

Le pregunté sobre lo que la señora Hemmings había visto en el elevador y si estaban seguros de qué les ocurría a todos los que entraban en él. Me negaba a creer que Jaime estuviera muerto. Tenía que haber algo que pudiera hacer y si sabía a qué me enfrentaba podía estar mejor preparada.

“Fue muy triste lo que pasó. No estuve ahí, pero esto es lo que me dijeron:

La pequeña Lila era una niña muy dulce. Ella solía abrirme la puerta, y darme dulces y propina cada vez que entregaba el correo. Ella era la nieta de Prue. Lila era la niñita de su hijo y esa noche ella se había quedado en el edificio por primera vez. Prue sintió que podía proteger a la pequeña de todas las cosas extrañas que pasan en este edificio….

Ella cometió un error. La pequeña Lila tenía problemas de sonambulismo. Ella se despertó y empezó a caminar dormida por los pasillos a la 1:30 de la madrugada. Prue tardó demasiado en darse cuenta de que el ruido que escuchó era el de la puerta principal y cuando llegó al elevador vio a las criaturas despedazando a su nieta y arrastrando su cuerpo hacia el ascensor. Intentó luchar con ellos, incluso pudo matar a uno, pero no pudo salvar a su nieta.”

La sola idea de imaginarme el destino de Jaime me volvió loca.

“¿Qué son esas criaturas? ¿Las has visto?” Pregunté.

“En realidad nadie sabe lo que son, querida. Son algo que tienen que ver con el edificio y todas sus peculiaridades, nadie los ha visto en otro sitio. No sabemos de dónde vienen, solo que están aquí.

Los he visto varias veces con el pasar de los años, usualmente cuando los nuevos vecinos se descuidan y dejan restos de comida que no han deshecho adecuadamente.

Son pequeñas criaturas curiosas. La mayoría del tiempo son inofensivas fuera de las horas que Prue te alertó, pero si son alimentados se excitan y empiezan a buscar más de donde alimentarse.

Por eso es que tienes que botar todos los restos de comida, esconderlos o empaquetarlos, no sé, simplemente deshacerte de ellos. Solo no dejes restos de comida afuera y no uses el elevador en esas horas y estarás a salvo de esas cosas.

Son más pequeñas que los humanos, pero tienen una forma similar. Tienen forma de roedores grotescos, y son mucho más grandes que cualquier rata con la que te hayas topado. Son como niños ratas, algo así. Tienen dos filas de dientes muy afilados y tienen hambre todo el tiempo.

Cuando comen, hacen un desastre y buscan destripar lo que sea que entre en sus mandíbulas. Prue dijo que en ese momento ella pudo escuchar cómo los huesos de su nieta eran destrozados por esas mandíbulas como si fueran galletas crujientes.” Se notaba incómodo y asustado mientras contaba la historia, pero aun así continuó…

“La primera vez que llegaron al edificio eran cientos. Esto causó mucho furor y miedo en los residentes. Perdimos a habitantes en más de 30 hogares distintos. Pero los residentes pelearon y asesinaron a la mayoría, excepto a los más fuertes de ellos.

Las criaturas que quedaban eran muy fuertes y difíciles de erradicar, así que los residentes idearon un plan. Un plan en donde ellos permanecían intactos y les permitirían vivir en el edificio a cambio de no lastimar a los residentes, excepto a aquellos que tomaran el elevador entre las 1:11 y las 3:33AM. A ambas partes les pareció un trato justo.

Este periodo de tiempo, es el momento en donde las criaturas están más excitadas y ofrecerles el ascensor durante esas horas era lo más seguro para los residentes. Aun así, Dios salve a aquel que se encuentre caminando por el elevador durante esas horas.

Han estado acá desde ese entonces. Asesinando a aquellos desafortunados que prefieren subir el elevador durante esas horas, pero aun así, están mucho más tranquilos que la primera vez que llegaron. Algunas criaturas han sido asesinadas por los residentes por no haber cumplido su parte del trato, pero, antes que tu novio, no habíamos tenido más incidentes con el ascensor en varios años.

Todo aquí es bastante pacífico ahora. Siento mucho lo de tu novio. Ya tengo que irme, estoy retrasando las entregas.” Él anotó su número telefónico en un papel y me lo entregó mientras decía; “Solo emergencias. No me gusta que me molesten.”

“¡No te puedes ir! La carta decía que podrías ayudarme” Exclamé.

“¡Y voy a hacerlo!” Dijo él respondiéndome. “Cuando realmente haya algo con lo que pueda ayudarte, lo haré. No puedo revivir a tu novio, y no me gusta retrasarme con las entregas. Nos vemos, querida.”

Estaba en shock, y no podía creer lo que estaba escuchando. No podía creer que se estaba yendo después de bombardearme con toda esa información. El pequeño rayo de esperanza que tenía en mi interior se apagó cual vela de cumpleaños.

“¡Voy a llamar a la policía!” Dije gritando. Desesperada, como si eso fuera a arreglar el problema de alguna forma.

“Puedes hacerlo si quieres.” Dijo Ian suspirando, mientras abría la puerta para irse. “Eso solo molestará a las criaturas, y no traerá a tu novio de vuelta. El señor Prentice odia a los policías también. Si quieres dormir, no querrás hacer eso. Espera una semana, repórtalo como desparecido, aprende a vivir sin él, y aprende a vivir aquí. De lo contrario, estarás muerta en pocos días.”

Y luego de decirme eso, cerró la puerta tras de sí. La abrí de nuevo. Tenía muchas cosas que preguntarle, pero cuando lo busqué por el pasillo, no lo encontré. No había rastro de él por el corredor.

Quizá estaba perdiendo la cordura, quizá me había imaginado todo esto. Pero, no importa cuánto quisiera engañarme a mí misma, la carta estaba ahí mientras que Jaime no.

Georgia llegó no mucho después que Ian se fue. Yo por su puesto, le pregunté si lo había visto en el pasillo, tratándo de convencerme de que él era real, pero ella no lo había visto. Ella me miró con preocupación, y me abrazó mientras me acariciaba la espalda. Luego le conté todo lo que el cartero me había dicho sobre Jaime y las criaturas.

No sabía si me había creído. Incluso mientras leía la carta se veía escéptica. No podía culparla por serlo, pero, aun así, ella me ofreció todo su apoyo. Ella se sentó conmigo por horas mientras yo lloraba, y me lamentaba, tenía el corazón roto. No sabía qué hacer.

El hecho de no haberle dicho a nadie me había vuelto loca, pero lo que decía la carta había sucedido al pie de la letra, y si de verdad el cartero era alguien de fiar, solamente tenía que esperar.

Georgia había sido mi mejor amiga por muchos años, daba la cara por mí cuando yo estaba demasiado asustada para hacerlo por mí misma y siempre había sido la valiente de las dos. Me sentía segura a su lado, así que después de horas de llanto y desesperación por la forma en que mi vida había cambiado en cuestión de días, finalmente decidí echarme una siesta.

Era temprano en la noche y Georgia estaba viendo la televisión. Ella estaba ahí por si necesitaba de su apoyo.

A pesar del cansancio que tenía, me costó quedarme dormida. Traté de imaginarme rodeada de los brazos de Jaime, pero el hecho de que no sentiría eso nunca más era aún más doloroso que su pérdida. Después de un rato, lo que pareció una eternidad para mí mirando el puto parche de color carmesí que estaba encima de la cama, me quedé dormida.

Luego de unas tres horas, me desperté. Lo primero que vi, fue de nuevo esa mancha de que estaba en el techo, y además, pude oír unos murmullos provenientes de la sala. Me levanté rápidamente de la cama, y fui hacia la sala.

Georgia estaba en el sofá, con una mujer de mediana edad delante de ellos. Ambas estaban disfrutando de una taza de té de matcha que a Jaime y a mí nos encantaba. Mi sangre hervía, pero no era su culpa, limpié mi garganta e hice ruido para llamar su atención.

“¡Oh Katie! Esta es Natalia, ella vive en los pisos de arriba. Estuvimos hablando un rato, así que le hice una taza de té. Espero que no te importe.” Miré a la mujer de cabello negro sentada en el sofá, tomando té de mi taza e hice un gesto de negación.

Una de las características negativas de Georgia es que era demasiado sociable, cosa que a veces me molestaba, ya que no me gusta mucho la gente. No iba a reprocharle eso ahora, esa era su forma de ser.

“Tranquilas. Hola Natalia, ¿En qué departamento vives?” Hice mi mejor esfuerzo en sonar amigable. Tendría que discutir con Georgia el hecho de no traer gente a mi casa a mitad de la tragedia cuando ella se hubiera ido, pero hasta entonces, tenía que tratarla bien.

“Departamento 71. Estoy muy encantada de conocerle, tienes un hogar agradable.” Dijo Natalia al mismo tiempo que sus labios dibujaron una grotesca sonrisa que no iba de acuerdo a su rostro y que además, no era nada amigable. Ella me miró con suficiencia, con pleno conocimiento de que yo era consciente de las implicaciones de lo que acababa de decir.

Las reglas….

El número de departamento…

“De vez en cuando alguien llamará a tu puerta diciendo que vive en uno de estos departamentos y te pedirá que le prestes un poco de azúcar. Parecerán totalmente normales, pero hay que cerrar la puerta con llave inmediatamente. He instalado dos cerrojos de seguridad adicionales para evitar a estos cabrones. No me gusta decir palabrotas a mi edad, pero son realmente unos cabrones.”

Las advertencias de Prue hicieron eco en mi mente, mientras no podía apartar la vista de Natalia. Había algo realmente malo con ella. Miré a Georgia sentada en el sofá cerca de ella y me di cuenta de que estaba sudando. Cualquiera que viva en el Reino Unido, sabe que acá hay temporadas de calor de vez en cuando, pero esto iba más allá que una simple ola de calor. Todo su cuerpo estaba sudando.

De repente, empezó a jadear. Los ojos de Natalia se clavaron en los míos al igual que los del limpiador. No había pasado nada antes con el limpiador, excepto que esta vez, ella había roto la regla. Ella ya estaba en el departamento.

Georgia empezó a gritar mientras su piel se llenaba de ampollas y se carbonizaba. Se le cayó el pelo del cuero cabelludo mientras la piel se descascarillaba y se derretía en cada centímetro de ella.

Se estaba quemando viva sin una llama a la vista. Se rascó frenéticamente su propia cara derretida, hurgando en la carne viva expuesta. El sonido que hace una persona cuando se quema viva no se parece a ningún otro. Eso nunca me abandonará.

Gritaba y gritaba, y nadie se aparecía en mi puerta. Intenté agarrar mi teléfono para llamar al cartero Ian pero la superficie de madera en la que lo había puesto me quemó de inmediato, así que aparté mis dedos rápidamente. Ella estaba a punto de incendiar todo el lugar.

Tenía que pensar en algo más que hacer una llamada telefónica.

Agarré el gran cuchillo que había dejado a un lado antes de que armara todas las habitaciones, el mango me ampolló los dedos al instante, pero no me importó, necesitaba sacarlo ahora y ayudar a Georgia si podía. Corrí hacia la mujer de cabello oscuro. El sudor goteaba por mi frente mientras más me acercaba a ella y hundí el cuchillo en la garganta de Natalia. Ella lo agarró por el mango y se cayó al suelo.

No sangraba como un humano normal. Sus entrañas estaban negras, seguía moviéndose y supuse que probablemente no tardaría mucho en levantarse y volver a intentarlo. Así que la arrastré hasta el pasillo, lista para cerrar la puerta.

Al llegar a la entrada del pasillo, uno de los gatos estaba sentado esperando. Siseando y encorvando su cuerpo, lo miré a los ojos mientras dejaba el cuerpo en el pasillo.

Agarré al gato, lo metí dentro, haciendo una mueca de dolor cuando su piel me causó más quemaduras en la parte inferior de los brazos, cerré la puerta y observé a través de la mirilla. Se levantó y se llevó la mano a la herida, la cauterizó y se marchó hacia el elevador. Como si no le hubiera pasado nada en lo absoluto.

En ese momento ya había dejado caer al gato, pero cada trozo de piel desnudo que había tocado al gato palpitó y ardió durante al menos una hora.

Georgia no había tenido tanta suerte como Natalia con la recuperación de las lesiones. Llamé anónimamente a una ambulancia para ella. No podía creerlo, pero aún respiraba. Estaba muy quemada y su vida no volvería a ser la misma, pero estaba viva. Y estaba agradecida por eso.

Suena horrible, pero la dejé en el parque al otro lado de la carretera del edificio. Sin teléfono ni identificación. Es mi mejor amiga, quiero estar allí, pero si confieso que estoy involucrada en las lesiones tan graves, sospecharán de mí y perderé la ya escasa posibilidad de que Jaime pueda volver.

Eso no significa que no me preocupe por Georgia, pero está viva. No creeré que Jaime no lo está hasta que lo vea.

Quiero irme, en serio. Pero este fue el primer hogar que formé con Jaime. Si está vivo, y puedo salvarlo, entonces quiero que esté aquí para que vuelva…. Y si está muerto, y el cartero tiene razón, entonces no sé si podré dejar su recuerdo atrás.

Solo hay una persona que creo que podría ayudarme en este momento. Así que esta noche voy a investigar un poco, buscar dirección y mañana por la mañana voy a visitar a Prudence Hemmings.

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