No lo dejes entrar

Mundoterror.org

Esta es una traducción original de la historia de terror «Don’t Let It In» publicada en el subforo de Reddit r/nosleep por el usuario llamado «Verastahl».

«Por favor, déjame entrar. Tengo demasiado frío».

Mi mejor amigo de la adolescencia era Matheo. Él era un año mayor que yo, pero íbamos en el mismo año de la escuela, no porque él fuera estúpido, si no porque su padre había muerto cuando estaba en cuarto grado y por unos meses Matheo tuvo demasiados problemas en la casa y la escuela.

Cuando se recuperó y volvió a clases lo integraron a mi sección. Nos hicimos amigos rápidamente. No pasó mucho antes de que pasara más tiempo en su casa que en la mía.

La mamá de Matheo era muy buena, pero siempre se la pasaba trabajando. Eso no significaba que nos pudiéramos librar del tío de Matheo llamado Gene. La mayor parte del tiempo nos dejaba jugar videojuegos, pero, cuando se hacía de noche el tío Gene siempre venía y nos echaba un ojo.

Esas noches representan mis recuerdos favoritos de la infancia. Quedarme en la casa de mi amigo por lo noche mientras jugábamos videojuegos, su tío nos hacía hamburguesas y nos contaba historias que había vivido o había escuchado durante más de 20 años en la milicia era lo mejor del mundo.

Le dieron de baja gracias a una discapacidad cuando lo conocí, y con solo ver su abultada barriga cervecera, su cabello gris, y su escuálido cuerpo mientras sostenía su cerveza era difícil adivinar que alguna vez fue militar, y mucho menos que viajó por todo el mundo.

Pero, apenas nos sentábamos y él empezaba a hablar, todo cambiaba de manera inexplicable. A diferencia de la mayoría de los adultos, él parecía entender y apreciar qué era lo que queríamos oír y cuáles eran nuestros intereses.

Cuentos de batallas en tierras exóticas, armas, guerras, tanques, gente interesante y criaturas peligrosas. Conforme pasábamos tiempo con él, sentía que en algún punto se quedaría sin historias… Pero eso nunca pasó. De hecho, en los últimos años que lo conocí, empezó a contarnos sobre cosas extrañas que nunca había visto o escuchado.

Si hubiese sido alguien más, inmediatamente hubiera catalogado esas historias como fantasía. Eran historias exageradas y sensacionales que él quizá ideaba para entretener a su audiencia de jóvenes en desarrollo. Pero el tío Gene no era esa clase de personas.

Era un muy buen narrador de historias, pero era una persona honesta, y además, nunca me dio la impresión de que este estaba exagerando o agregándole más a una historia para llamar nuestra atención.

Y aunque no puedo asegurar que mucho de lo que nos contó no fuera mentira, de lo que estoy seguro ahora es que una de sus historias probablemente me salvó la vida.


Esto ocurrió cuando tenía doce y Matheo recién cumplía trece. Estábamos de campamento justo detrás de la casa de Math, y el tío Gene había venido a pasar el rato antes de la hora de dormir. Hizo una pequeña fogata en el suelo del patio trasero, y después de la cena nos sentamos alrededor de ella, contemplando el fuego mientras que nos contó que había pasado un tiempo viviendo en Alaska.

Nos dijo que la mayoría del tiempo era frío y aburrido. Los pueblos allá eran pequeños y la gente, a pesar de ser amigable, eran muy cerrados y velaban por sí mismos. La tierra era hermosa, pero de una forma fuera de este mundo y que además, te obligaba a mantenerte alerta todo el tiempo.

Su trabajo ahí no era muy interesante que digamos. Solamente procesando papeleo y pasando el tiempo a llado de su jefe, que la mayoría del tiempo se la pasaba durmiendo o borracho.

A pesar de eso, el tío Gene nos contó que cuando estaba lúcido y despierto, era un tipo bastante chévere. Él le contaba historias sobre la gente local, sobre el pueblo, mitos y leyendas del bosque. Y fue gracias a él que se enteró de la historia de la mujer que algunas veces tocaba la puerta, pidiéndote que la dejaras entrar porque hacía mucho frío.


La forma en que mi jefe lo dijo… Él estaba trabajando en un centro meteorológico en tierra de nadie en Alaska. Fue cuando una gran tormenta de nieve atacó. Teníamos suministros por varios días, pero para la tercera noche ya había empezado a ponerse nervioso.

Había vivido en el norte por más de 3 meses para ese punto, pero, esta era la primera vez que se sentía realmente atrapado y amenazado por el clima. Casi pega un grito al cielo, cuando sintió que en medio de esa tormenta de nieve tocaron la puerta.

Mi jefe no era ningún científico de la nasa, pero tampoco era un retrasado. Él sabía que no había señales de civilización a 20km a la redonda del punto donde estábamos, y las probabilidades de que alguien pudiera sobrevivir a ese tipo de clima en medio de la noche….. No tenía sentido.

Su primer pensamiento fue que era alguien que venía a relevarlo de su puesto por alguna razón, pero conforme se acercó a la puerta, escuchó algo que se asemejaba a la voz de una mujer joven al otro lado de la puerta.

«Por favor, déjame pasar. Tengo frío».

Su primer pensamiento se desvaneció de su mente. No había ninguna mujer joven enlistada que el conociera, y mientras pensó, cayó en cuenta que si lo quisieran relevar ya le hubieran pasado un mensaje de antemano. Así que, ¿Quién era esta mujer? Con el corazón acelerado, él le preguntó:

«Señora, ¿Quién es usted?».

«Tengo frío y estoy perdida. Me perdí durante la tormenta. Por favor, déjame pasar».

Era demasiado extraño, pero ella sonaba aterrada, y si él la dejaba ahí afuera por mucho tiempo se moriría del frío. Aún así…. 2 metros de nieve habían caído desde que se limpió la entrada principal por la mañana. Si él pensaba ir a ayudarla, necesitaría salir con una linterna y una pala para quitar la nieve del camino.

«Está bien. Dame un momento y saldré».

Se colocó su ropa de invierno y se apresuró a la escalera que estaba en la azotea,a la cual era utilizada principalmente para almacenar los víveres por la parte de arriba del almacén y además, se utilizaba para salir cuando la nieve estuviera muy alta.

Él me dijo que que hacía un frío muy jodido, el frío que jamás hubiera recordado, aunque, en parte eso debía al hecho de estar tan asustado.

Me dijo que en parte el estaba asustado por la joven. Pero, por otro lado, él sintió que algo no estaba bien. Que había algo extraño y peligroso en que un extraño se presentara en medio de una noche extremadamente fría. Por eso fue que iluminó el sendero de la puerta principal por el borde antes de bajar y quitar la nieve de la entrada principal.


El tío Gene nos dedicó una pequeña sonrisa nervioso, tomando otro sorbo de su cerveza antes de dejarla a un lado. «Él dijo la mayor parte de esa cosa estaba enterrada en la nieve que estaba fuera de la puerta, pero mirando hacia abajo pudo darse cuenta de lo que había encima.

Dijo que era enorme, probablemente de unos quinientos kilos o más, con un caparazón de marfil segmentado como el de una langosta y unas patas de araña blancas y peludas que se mantenían tensas y preparadas, los arcos más altos como pequeñas derivas que apenas rompían la superficie de la nieve. Pero lo peor era su cabeza. Porque en realidad no era una cabeza. Con más de metro y medio de altura y erguida, la cabeza tenía una forma delgada y delicada cubierta por lo que parecía un poncho o capa oscura».

El tío Gene miró entre nosotros mientras se frotaba el costado de la cara. «Dijo que podía ver un rostro en ese manto. Un rostro de mujer. La mujer más hermosa que jamás había visto».

Se movió en su silla y continuó. «Pero también lo vio a él. La mirada que recibió fue de un par de segundos, y para entonces la cosa había notado la luz que brillaba hacia abajo y giró esa cabeza que parecía una mujer hacia él. Me dijo que en ese momento se había quedado aterrorizado, congelado en el sitio, y alguna parte de su cerebro que aún funcionaba pensó que ella le diría algo más. Quería que bajara».

El tío Gene soltó un suspiro. «Pero en lugar de eso empezó a gritar. Dijo que el ruido no salía de la boca de la mujer, sino que vio bocanadas de nieve a lo largo de su cuerpo como el vapor que sale de una olla, y el aire se llenó de ese terrible chillido. Sabía que estaba enfadada y que venía a por él».

«Entonces se puso en marcha. Llegó a la escotilla, la cerró detrás de él, y preparó su arma en caso de que la cosa lograra entrar. Dijo que oyó movimiento en el techo, pero que nada intentó atravesar la puerta o la escotilla. Se quedó despierto hasta el amanecer y luego pidió ayuda por radio, con la excusa de que se había puesto mal de salud».

Matt y yo le miramos con los ojos muy abiertos y aterrados mientras él soltaba una pequeña risa y se encogía de hombros. «Y eso fue todo, al menos en su mayor parte. Vinieron a buscarlo. No había señales de nada malo fuera, y nunca se lo dijo a nadie».

El tío Gene se inclinó hacia el fuego. «Hasta que una noche estaba en el pueblo bebiendo y se hizo amigo de uno de los lugareños. Estuvieron intercambiando chorradas durante un rato, y al final se sintió lo suficientemente cómodo como para contarle lo que había pasado en la estación meteorológica. Me dijo que su compañero de copas se puso muy sobrio rápidamente. Le dijo que tenía mucha suerte de estar sentado allí y poder hablar de ello».

Le hice un gesto con la mano al tío Gene como si estuviera en clase. «¿Así que este tipo sabía lo que era?»

El tío Gene asintió con inseguridad. «Tal vez, al menos un poco. El tipo le dijo que no había ningún nombre elegante para ello, sino que era algo extraño y mortal que vivía allí arriba. Quizá también en otros lugares. Había oído algunas historias a lo largo de los años, y tenía algún abuelo o lo que fuera que afirmaba haber visto uno. Algunos decían que era un espíritu maligno. Otros algún tipo de animal que no conocemos o entendemos. Pero sea lo que sea, era inteligente. Inteligente como una persona y capaz de hablar contigo. Para engañarte. Mi jefe lo llamó ‘El Mentiroso’, y dijo que lo había bautizado su amigo».

«Me imaginé que era porque tenía ese señuelo, esa parte de sí mismo que podía hacer parecer y sonar como una persona. Pero él dijo que no. Era porque, según lo que le habían dicho, la cosa tenía ciertas reglas que seguía. Sólo se alimentaba de cosas que la invitaban, que habían sido engañadas por ella en una u otra medida. Y todo lo que decía, era siempre una mentira. Siempre».

Me señaló con el dedo y luego a Matt. «Eso puede parecer obvio, pero en realidad es algo muy útil de recordar. Porque, según entiendo, no puede decir la verdad. Y se ve obligado a hablar, a atraer, a intentar engañarte para que le dejes entrar y así poder atraparte. Así que si le haces preguntas de la manera correcta, cosas que no puede no responder y cosas que delatan su mentira, puedes averiguar lo que es sin abrir nunca tu puerta».

El tío Gene se sentó y sonrió. «Sólo espero que nada venga a arañar tu tienda esta noche».


Hacía tiempo que no pensaba en el tío Gene hasta hace tres noches. A Math le diagnosticaron leucemia a los catorce años y desapareció dos años después, y en los veinte años transcurridos desde entonces no he visto ni hablado con su familia más allá de un par de veces por Internet. Y, sin embargo, hace tres noches, mientras estaba sentada con frío y pánico en el arcén de una carretera oscura, el tío de Math y esa historia me vinieron a la memoria.

Había estado conduciendo en la peor tormenta de nieve que jamás había visto, y mucho menos intentado atravesar, cuando sentí que mi coche empezaba a resbalar en la carretera por lo que parecía la centésima vez. La tormenta de nieve era inusual para el lugar donde vivo, y no tenía neumáticos para la nieve ni cadenas, pero conducía tan lento y cauteloso como creía que la situación lo permitía. Mi mujer estaba teniendo contracciones a tres horas de distancia y, aunque sabía que ya se había registrado en el hospital, quería estar allí tan pronto como pudiera llegar con seguridad.

Pero fui un idiota. Cuando el coche se topó con un trozo de hielo, frené en exceso y me deslicé hasta una zanja. Estaba en una autopista, pero era plena noche y había una tormenta de nieve, y no había visto ningún otro coche en al menos media hora. Intenté sacar el coche por mi cuenta, pero lo único que conseguí fue mojarme y pasar frío. Maldiciendo, llamé a un camión de remolque, y finalmente conseguí uno al tercer número que intenté. Venían, pero tardarían unas cuatro horas según el tiempo, mi ubicación y las llamadas que tenía por delante. Mirando el medidor de gasolina, decidí hacer funcionar el coche sólo diez minutos más para que se calentara y luego sentarme en la oscuridad durante un rato para conservar el combustible.

Temblando, intenté llamar al hospital para ver cómo estaba mi mujer y darle un mensaje sobre lo que había pasado, pero no conseguí que la llamada se realizara. Me quedaba mucha carga, pero si hace unos momentos tenía tres barras, ahora sólo me quedaba una que parpadeaba como la llama de una vela apagada. Mientras miraba, se apagó por última vez y luego no volvió. Tal vez si lo apagaba y lo volvía a encender…

«Por favor, déjame entrar. Tengo mucho frío».

Dejé escapar un grito y miré hacia la ventanilla del conductor. Había un niño pequeño, con los ojos oscuros muy abiertos y aterrorizados cuando se encontraron con los míos. «Por favor, señor. Por favor, déjeme entrar». Pude ver lo que parecían mocos congelados en su labio superior, y sus pálidos labios azules temblaban mientras me suplicaba ayuda. Dios mío, ¿cómo había llegado hasta aquí? Tenía que meterlo dentro, encender el coche de nuevo y luego…

De repente, un recuerdo lejano brilló en los recovecos de mi mente. El resplandor anaranjado de una hoguera iluminando la cara del tío Gene mientras nos hablaba de algo que cazaba en el frío y la oscuridad. El Mentiroso.

Volví a mirar al chico. Esto era ridículo. Esa historia no era posible, y este niño iba a morir congelado si no me apresuraba a hacer algo. Sí, parecía que tenía una chaqueta con capucha de algún tipo, pero estaba muy por debajo del nivel de congelación ahí fuera, y si…

Tragando, sonreí al pálido niño que me miraba.

«¿Cómo has salido ahí fuera?»

El niño me miró por un momento. «Mi madre. Está mal del azúcar y se quedó dormida. No pude despertarla. Fui a buscar ayuda, pero me…» Ahora estaba llorando, apretando una pequeña mano contra el cristal. ¿A qué coño estaba esperando? Desbloqueé el coche, pero aún dudé en abrir la puerta. Pensé en la historia que el tío Gene había contado. La cosa se llamaba El Mentiroso porque tenía que mentir. Sólo quería engañarte, pero si hacías la pregunta correcta, podías ver a través de ella.

Respirando hondo, aparté la mirada del chico. «¿Cómo te llamas?»

«M-Matthew. La gente me llama Math. Por favor, déjame entrar».

Me sentí como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago, pero cuando levanté la vista, el chico sólo parecía preocupado y asustado, no como si acabara de decir el nombre de mi amigo de la infancia muerto. Era una coincidencia, y tenía que detener esto y ayudarlo. Tenía la mano en el pestillo, pero seguía dudando. Si la historia del tío Gene era real, ¿qué tipo de pregunta funcionaría?

«¿Eres un niño pequeño… Eres, un niño humano pequeño?»

Las cejas del niño se alzaron ligeramente. «Sí. Por supuesto».

Espera, eso fue una tontería. Si estaba mintiendo, diría que sí. Si estaba diciendo la verdad, diría que sí. Así que eso no ayudó.

«Um, de acuerdo.» Me estaba quedando sin tiempo para perder en esto. Podría preguntarle si no era un niño pequeño, pero era el mismo problema, ¿no? Si era un niño pequeño diciendo la verdad, diría que no. Si era un monstruo que tenía que mentir, también diría que no. Coño, tenía que apurarme y abrir la puerta.

«Por favor. Me está entrando sueño y me da miedo. Tengo mucho frío».

Temblando, volví a encontrar el pestillo, decidido a abrir por fin la puerta y dejar entrar al chico. Sin embargo, a pesar de ello, me detuve a hacer otra pregunta.

«No me estarás mintiendo sólo para que te abra la puerta, ¿verdad?». Dudé ante el pestillo, esperando que se confundiera por la extraña pregunta o me dijera que no. En lugar de eso, hubo un momento de silencio, y cuando levanté la vista, pude ver que los labios del chico estaban apretados en una fina línea.

«Sí».

Fruncí el ceño y volví a retirar la mano. «Sí, no me estás mintiendo, o sí lo estás haciendo».

Sus labios comenzaron a temblar de nuevo. «Por favor, déjame entrar. Tengo mucho frío».

Necesitaba pensar. Que dijera que sí podía significar cualquier cosa. Era más bien la forma en que había reaccionado, casi como si estuviera enfadado ante una señal de que lo habían atrapado. Aun así, eso no era prueba de nada. Necesitaba simplemente…

«¿Estás fuera de mi coche ahora mismo?»

Cuando me encontré con sus ojos esta vez, me parecieron más oscuros. Más fríos. «¿Qué? Por favor, déjame entrar».

Sentí un escalofrío de miedo subiendo por mi espalda. «Responde a mi pregunta, por favor. ¿Estás fuera de mi coche ahora mismo?»

Los mocos del chico cesaron mientras una sonrisa dura y cruel curvaba las comisuras de su boca. «No».

Y de repente, desapareció. Vi un movimiento borroso en la oscuridad y oí el crujido de unos matorrales lejanos cuando algo grande se adentró en el bosque, pero no hubo ninguna otra señal del niño ni de ningún otro intruso mientras me quedaba solo en la gélida oscuridad.

Al cabo de un par de minutos recuperé la señal del móvil y comprobé cómo estaba Peggy. De momento estaba bien, y le transmitieron mi mensaje de que llegaría pronto. Una hora más tarde llegó el camión de remolque, y si el hombre pensó que era extraño que me negara a salir de mi coche mientras me sacaba de la zanja, no pareció importarle.

Mientras escribo esto, acabo de volver de coger a nuestro nuevo bebé. Es un niño sano, y después de sólo dos días ya lo quiero mucho. Mi mujer me preguntó si quería llamarlo Matheo como mi mejor amigo de la infancia, pero negué rápidamente con la cabeza. Cuando esté en casa y haya descansado, intentaré explicarle por qué.

Además, no importa cómo lo llamemos. Crecerá bien y fuerte, y nosotros estaremos ahí para prepararlo para un mundo que puede ser cálido y maravilloso, pero también muy extraño y frío. Un mundo en el que no todo es lo que parece, y en el que tiene que tener mucho cuidado con El Mentiroso.

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