Nunca subas al metro de madrugada

No subas al tren de madrugada

Mi nombre es Marian, tengo 23 años y soy estudiante de medicina. Antes vivía en México, y gracias a mis estudios y la oportunidad que me dieron mis padres, pude viajar a New York a continuar con mi carrera y especializarme en ella.

Mis padres me dijeron que tenían las posibilidades de pagarme el viaje, la estadía y ayudarme con los gastos. Aún así, quería ser lo más independiente posible y conseguí un trabajo de medio tiempo.

El único problema era que salía en la madrugada. Aproximadamente a la 1 de la mañana o más tarde dependiendo de qué tan agitado estuviera el turno. Ya sabes, los problemas de trabajar en un puesto de comida rápida. Más aún en una «ciudad que nunca duerme».

La verdad, es que a pesar de venir de México, me acostumbré bastante rápido a la vida nocturna, y de hecho, dormía muy poco. Mi horario de la universidad era de 8:00AM hasta las 4:00PM y luego entraba a las 6:00PM a mi trabajo, y salía en la madrugada.

Como podrás suponer, mi vida social era nula ya que el poco tiempo del que disponía lo empleaba para dormir y estudiar. Me iba muy bien en ambos aspectos, excepto por el tema del sueño.

Lo que más me maravilló de la ciudad fue el sistema de metro y transporte público. Funcionaba las 24 horas del día, y hasta que pasó lo que pasó, creía que era muy seguro y siempre usaba el metro en las madrugadas para transportarme desde mi trabajo hasta mi casa.

Me sentía tan segura y confiada en los vagones del metro, que incluso echaba una siesta rápida calculando los 20 minutos de viaje. No era mucho, pero siempre que tenía la oportunidad de dormir lo hacía.

Esta fue mi rutina por aproximadamente 3 meses, hasta que pasó lo que pasó…

Ese día salí especialmente tarde. Era un sábado, y la gente aprovecha para salir y divertirse un rato. La cocina estaba que explotaba, y me sentía afortunada de no trabajar ahí. Mi trabajo consistía en tomar las órdenes y de vez en cuando hacer de cajera cuando la chica no asistía al trabajo.

Mi turno terminó alrededor de las 2:00AM, y estaba MUY cansada. Así que en cuanto terminó mi turno, me dirigí rápidamente a la estación del metro, compré mi ticket, y esperé a que el vagón viniera.

Desde que bajé a la estación subterránea sentí que algo iba a mal. Quizá fuera el sueño, o quizá no. No lo sé, pero en la estación, no había nadie esperando. Fue ahí cuando me di cuenta de lo mal que estaba iluminada la estación, y lo abandonada que se veía.

Estaba ansiosa y me estaba muriendo de frío. Quería que llegara rápido. Afortunadamente solo tuve que esperar unos 3 minutos cuando porfin llegó.

Entré en la cabina del metro y estaba vacía como siempre, cosa que no me molestaba, ya que así podía dormir sin que nadie me perturbara. Acostumbro a poner una alarma de 15 minutos y colocarme mis audífonos para que así el tono de alarma me despierte.

Me coloqué los audífonos, me acomodé en el asiento y procedí a dormirme.

Fue entonces, cuando medio dormida pude sentir como varias personabas entraban en el vagón. Eran exactamente 3; dos chicos y una chica.

Se veían que estaban bastante tomados, y que procedían de una fiesta. Pero claro, ellos querían seguirla en otro sitio. Cosa que es bastante normal cuando estás en una ciudad como New York.

Se sentaron unos 5 asientos más adelante, y empezaron a manosear y a besar a la chica de forma apresurada y despreocupada. No se habían percatado de mi presencia. Solamente estaban concentrados en lo suyo y parecía que todos lo disfrutaban.

Definitivamente, no podía quedarme dormida estando ellos ahí. Me sentía muy incómoda, y más incómoda me sentí cuando la chica me miraba.

Su mirada era fría, no se inmutaba y al parecer no había ningún otro sitio de su interés ya que no apartaba la vista de mí.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, y en serio que me preocupé. Pensé que esa chica se me quedaba mirando porque le gustaba, y lo último que quería en estos momentos era que me invitaran a una orgía o especie de fiesta sexual a la que obviamente no quería ir.

Pero, ella no habló ni emitió sonido alguno. Solo se dedicó a verme sin parpadear por unos dos minutos aproximadamente hasta que el tren retumbó y empezó a detenerse en la siguiente estación. Solo faltaban 4 estaciones para llegar cerca del departamento que alquilaba.

La puerta se abrió y fue ahí cuando entró un vagabundo. Su olor entró en la cabina primero que él. Era como oler a cartón mojado. Él miró hacia los chicos, miró alrededor de la cabina y luego me miró a mi para proceder a sentarse a mi lado a pesar de que todo el vagón estaba vacío.

Fue ahí cuando realmente me incomodé, no solo por su olor, si no por su presencia. El viaje entre estaciones suele durar unos 3 minutos. Así que viví los 3 minutos más largos de mi vida antes de que nos acercáramos hasta la siguiente estación. Solo faltarían 2 más.

Cuando sentí que todo el tren empezó a desacelerar me alivié, ya que me bajaría y me iría caminando hasta mi hogar. El problema es que el vagabundo estaba sentado a mi lado y me impedía el paso. El simple hecho de tener que dirigirle la palabra para pedirle permiso y poder bajarme me causó muchas ansias, pero no tanto como la mirada de la chicha que aún seguía observándonos mientras los dos muchachos seguían haciendo de las suyas.

Cuando el tren se detuvo me paré rápidamente y cuando estuve apunto de decirle al señor que se moviera él me agarró del brazo fuertemente, se paró y me tapó la boca cuando estuve a punto de gritar.

Me sacó arrastrándome de la cabina del metro, y me superó en fuerza y fue cuando pude sentir su olor ahora más que nunca.

De la nada me soltó y empecé a gritar muy fuertemente con la esperanza de que algún guardia viniera en mi auxilio. Fue ahí cuando el señor me dijo:

«¡Cállate! ¿Por qué gritas? ¿No viste lo que estaba pasando?»

«Señor por favor, no me viole. Le doy todo lo que tengo». Le dije al mismo tiempo que mis lágrimas empezaron a bajar por mi rostro. Fue ahí cuando el me indicó que bajara la voz, y me dijo:

«Yo no te quiero violar. Yo te salvé»

«¿Qué?» Fue lo único que pude decir antes de que él me interrumpiera.

«¿No viste que la chica no parpadeaba?Ellos no estaban acompañados de la chica, ellos llevaban un cadáver»

Anteriormente, no pude darme cuenta de como todo encajaba. Pero una vez me dijo eso, mi alma salió y me volvió al cuerpo.

Desde ese día, agradezco al universo y a todos los ángeles que ese señor se subiera al mismo vagón en el que estaba.

De no ser por él, y por el hecho de que ellos no se percataron de mi presencia, posiblemente hoy no esté escribiendo esta historia.

Así que, si es de madrugada y deseas irte a casa. Por favor, nunca te subas a un tren.

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